En Galería A.M.S. Marlborough, desnudos y escenas de taller del artista: Las mujeres de Salvador Amenábar
El Mercurio
30 Agosto 2013

Hasta el 10 de octubre se presenta esta muestra del destacado pintor, que reúne medio centenar de obras, en su mayoría pinturas, en las que sobresale la presencia femenina.
Marilú Ortiz de Rozas Si Salvador Amenábar sorprendió en su muestra pasada en galería A.M.S. Marlborough con gallardas estampas de mujeres, mayoritariamente retratadas de espaldas, lejanas y misteriosas, en esta nueva exposición, las protagonistas vuelven progresivamente la mirada hacia el artista, hacia el espectador. Y muchos de esos fondos de manchas abstractas, donde suelen difuminarse los cuerpos y vestidos de sus musas, esta vez cobran vida en coloridas escenas de taller.

"Pájaro muerto" es el título de esta exposición, pero no es más que una falsa pista, pues alude a cuatro pequeños cuadros en los que retrata aves sin vida, emplazados en el segundo piso de la galería; ciertamente, una nota de humor negro, que no roba protagonismo al despliegue de figuras femeninas.

"En esta muestra aparece el entorno de mis personajes, que corresponde al lugar donde trabajo, pues pinto con modelos al natural", comenta el artista radicado en Valparaíso desde 1995.

A la vez, surgen algunas escenas de la vida cotidiana, como una de sus jóvenes y hermosas modelos que, desnuda, se pinta las uñas de los pies. "Antes, yo pensaba que el tema no era importante, sino el cómo se pintaba, en este momento tiendo a pensar lo contrario", explica.

Ajeno totalmente a las modas, ha sido fiel a una pintura que aprendió en el taller de su abuelo materno, José Cruz, quien le hizo descubrir la fuerza y la poesía de Corot, Manet, Goya y Velázquez, entre tantos otros. Una escuela refinada y estilosa que él reaviva con un intenso cromatismo compuesto de naranjas y verdes fosforescentes, también con fragmentos inacabados, en los que las estilizadas figuras se funden en tela virgen. "Me gusta jugar con ese límite entre el realismo y la abstracción, y con lo inconcluso. Muchas veces estoy trabajando en un cuadro y de repente me detengo, porque siento que está bien así", señala.

Sobresalen también sus monocromías, especialmente unos desnudos en pastel sobre madera de gran formato. En uno de esos aprovecha un 'accidente' en la manufactura de la obra, que craqueló la pintura, y resalta este efecto, confiriéndole un halo de antigüedad grecorromana.

Su infaltable autorretrato, esta vez ante el espejo, y numerosas obras donde plasma a su hijo, uno de ellos con el fondo pintado por el niño, completan el repertorio más íntimo. "Quise capturar su edad, ese momento tan efímero de la infancia, de los juegos", sostiene el artista.