Contrapuntos de Manolo Valdés y Eduardo Chillida
El Mercurio
11 Marzo 2013 - 12 Marzo 2013

Una selección de obra gráfica de estos dos grandes artistas españoles contemporáneos se exhibe en galería Marlborough.

Marilú Ortiz de Rozas
Manolo Valdés sigue llevando a todos los confines del mundo su repertorio de figuras clásicas del arte ibérico y europeo, que él se ha encargado de convertir en íconos glamorosos y vigentes, con ribetes de Pop Art. Se abanican del paso del tiempo sus meninas, sus reinas y sus personajes de la nobleza, que plasma en esculturas monumentales y pinturas realizadas en series. Su universo plástico también se expresa en grabados -intervenidos con collages - de diversos formatos, veinte de los cuales se presentan en esta muestra conjunta en galería A.M.S. Marlborough (hasta el 20 de abril) con otro de los más destacados artistas españoles contemporáneos, Eduardo Chillida, cuya obra, por el contrario, es abstracta, espacial y metafísica.
DUPLA ESPAÑOLA
Valdés (1942) se ha caracterizado por sus citas a los pintores del siglo XVII, pero también hace referencias, en su obra, a creadores más actuales, como Picasso o Matisse, reinterpretándolos una y mil veces. El juego de este artista, que vive entre sus talleres de Madrid y Nueva York, consiste en ir creando un diálogo entre los siglos y entre escuelas de diversa factura. "Mi obra es como un repaso de la historia de la pintura", ha dicho.
Respecto del escultor vasco Eduardo Chillida (1924-2002), algunos consideran que su obra gráfica es autónoma de sus volumetrías, pero manteniendo paralelismos formales y conceptuales con esta. Otros sostienen que forma parte de un solo todo con su propuesta escultórica. Los diez grabados en blanco y negro que se presentan sobresalen por sus líneas definidas, su abstracta pulcritud.
Desde el País Vasco, su hijo, Ignacio Chillida, destaca en la obra de su padre "el respeto hacia los distintos materiales que utilizó, su constante indagación por aquello que no sabía (sus 'Preguntas'), en temas como el espacio y el tiempo, los límites, el vacío, la música, la obra pública, la escala y el hombre". Para Ignacio Chillida, son temas que nos atañen a todos, y en los cuales, al contemplar sus obras, nos sentimos implicados en mayor o en menor medida. "Yo diría que su mayor aporte al universo del arte podría ser la 'humanidad'", afirma.
Dos años antes de morir, el escultor logró concretar uno de sus mayores sueños: abrir el Museo Chillida-Leku, en la localidad de Zabalaga (País Vasco), donde se conserva buena parte de su legado. Por problemas de financiamiento, se encuentra cerrado desde fines de 2010.
"Pensamos que en breve comenzaremos una vez más a hablar con las instituciones, puesto que han comentado en diversos medios de comunicación, recientemente, su interés por retomarlo. Es lo que esperamos, por el bien de todos", concluye Ignacio Chillida.