Ignacio Valdés viene de vuelta
El Mercurio
25 Junio 2012 - 26 Junio 2012

Expone en Galería AMS Marlborough:
Ignacio Valdés viene de vuelta

Tras más de una década de vida en Londres, y a tres años de su retrospectiva en el Bellas Artes, el artista vuelve a presentar su obra en nuestro país. "Yo veo al arte como expresión o impulso vital", asegura.
Marilú Ortiz de Rozas "Yo no busco, encuentro", es una frase de Picasso con la que Ignacio Valdés (1956) se identifica plenamente. Porque en su trabajo no divaga, ni explora, sino que persigue un fin. "Hay un sentido de urgencia en esta obra, una actitud", insinúa, intentando no explicar lo inefable, el misterio de la creación. Aquella que cobra vida en los seis dibujos en carboncillo, de extenso formato, que presenta en la sala chica de la galería; los quince grandes óleos que van en la sala grande, junto a seis bronces; y las quince maquetas escultóricas que exhibe en el segundo piso. Estas últimas aluden a los Juegos Olímpicos, que en un mes más revolucionarán la que fue su ciudad por dieciséis años. "Son figuras de atletas, casi abstractas, que sugieren movimiento, entrenamiento -revela-. Retoman el espíritu volumétrico de la antigua Grecia, pero en una técnica y materiales contemporáneos, como madera prensada".

Valdés se inició en la escultura, "entusiasmado por Rodin, que sólo había visto en libros", después enriquecido por Henry Moore y todo el movimiento moderno. "A través de su impetuoso primitivismo, ahondaba en la esencialidad y en la fuerza de lo espontáneo", agrega.

La instantaneidad y la frescura constituyen también lo que lo atrajo del trabajo con carboncillo. Son dibujos sorprendentes, realizados con un tratamiento pictórico, pero abstraído del color, lo que deja al desnudo el trazo puro de Valdés, el contorno de sus inquietantes personajes. Las atmósferas y texturas remiten al lugar donde fueron creados: el castillo de Jours, en Bourgogne, Francia, donde desde hace cinco años es invitado a pasantías de verano.

"La pintura tiene otra velocidad", expresa. En sus cuadros, de intenso y protagónico cromatismo, donde se funden abstracción, gesto y figura humana, brota un ímpetu expresionista. "Difiero de artistas para quienes el arte se basa en la comunicación. Yo lo veo como expresión o impulso vital que es muy distinto, ya que aflora desde una fuente más individual e íntima". Él piensa que, al ponerla al alcance de los demás, pierde fuerza expresiva y pone el arte en un nivel didáctico.

Los personajes de sus telas suelen estar entre el movimiento y el estatismo, entre la figuración y la mancha. Esta situación de inestabilidad, con la que juega, acomoda a su autor. "A mí no me gusta tanto echar raíces, Londres es como un gran aeropuerto, mucha gente está de paso". Sin embargo, hoy está en pleno proceso de retornar a la tierra natal y es a lo que alude el título de su muestra: "En tránsito". Estará abierta hasta el 28 de julio.