El Ilusionismo de Tomás Rivas, por Catalina Mena
La Tercera
9 Abril 2011

Una de las muestras más interesantes en lo que va corrido del año estará abierta hasta el martes en Galería AMS Marlborough. Se trata de El banquete de Cleopatra, de Tomás Rivas. Con más de 12 exposiciones individuales de gran envergadura (la mayoría en EEUU) y otras tantas colectivas, Rivas se ha destacado por el carácter personalísimo de su proyecto artístico, en el cual se combinan, de manera muy particular, el rigor y el placer, la erudición y el juego, el equilibrio y la perturbación.

La obra de Rivas se plantea como una reinterpretación de "la gran historia del arte", en la que actúan y se combinan obsesiones formales e ideológicas. El artista es un observador sumamente agudo de los imaginarios que dominan el Renacimiento, como momento en el cual se fijan las claves que pautean la percepción occidental del mundo. Los efectos ornamentales, las estructuras arquitectónicas, el descubrimiento de la perspectiva, en fin, toda una serie de elementos que norman la mirada y el gusto son sometidos a un examen muy sofisticado por el artista.

Muchos de sus trabajos son reinterpretaciones de pinturas históricas. Es el caso de El banquete de Cleopatra, fresco (mural) realizado en 1745 por Tiepolo, que representa el encuentro entre Marco Antonio y la reina egipcia. La pintura puede leerse como un signo contradictorio: el carácter lujurioso se opone al relato épico; la reina muestra sus pechos desnudos adornados de perlas y su actitud contrasta con la pose circunspecta de Marco Antonio; la atmósfera nos coloca en el terreno del placer, pero éste se enmarca en un escenario de columnas y arcos de riguroso orden clásico.

Las técnicas de perspectiva se encuentran claramente ejemplificadas en este mural, cuyo espacio de representación se proyecta como un pasillo, hacia el fondo, en varios planos. Rivas lo analiza y lo repone en la galería como una instalación. Los personajes son eliminados, para quedarnos sólo con la estructura arquitectónica y los códigos de perspectiva. Utilizando cartón-yeso, monta los diferentes planos bidimensionales. Lo que hace, finalmente, no es hacer "más real" el cuadro, sino poner en evidencia su ilusión. Y lo hace generando una nueva ilusión. Una obra que, más allá de su complejidad, nos sorprende, nos divierte y nos hace pensar.
Catlina Mena, Periodista