Carolina Sartori
Sin Titulo
3 Junio 2003

La obra de Carolina Sartori, que se presenta en la exposición de la Galería A.M.S. Marlborough, continua con los problemas planteados en las obras anteriores. Hay una obsesión que atraviesa parte importante de su ultima búsqueda y esta es –con todas sus dificultades- bloquear el espacio tridimensional que arma la ficción de la pintura. Múltiples sistemas de producción se ordenan y se potencian al interior de sus obras: acrílicos, óleos, papeles pegados, impresión serigráfica, a través de las cuales la artista pretende hacerse cargo de la plenitud del soporte. Parece no aceptar la tradición al interior de la estética del cuadro, cual es la recurrencia, hasta hoy ida, de la “perforación” del plano de la tela mediante las argucias de la pintura que arman su campo de ficción para abordar y sostener la ilusión visual de lo tridimensional. Carolina Sartori parece organizar en sus obras una suerte de tinglado de planos de colores, que se yuxtaponen sobre un campo oscuro (¿un posible fondo?) previamente pintado en el plano del soporte con lo cual compadece entre ellos espacios –planos negros- que insinúan un adelante y un atrás, de gran ambigüedad espacial porque, por un lado, estamos en el plano de forma consciente, pero al mismo tiempo hay un vecindario que invita al ojo a preguntarse por la noción de distancia. Para aumentar el problema la artista, mediante la técnica serigráfica, imprime sobre la tonalidad de la tela y obviamente sobre los planos de color, líneas blancas, formas extraídas del mundo de las imágenes ya hechas y también textos que van a cohabitar con el mundo grafico antes mencionado.
El mundo de las líneas parece proponer a su vez, que este estuviese instalado frente al mundo cromático delante del cuadro, en una suerte de superficie vidriosa, transparente. De ahí su apariencia desmaterializada, intangible y a puntos de desaparecer. Es tal vez la delicadeza de aquellas impresiones que adquieren, por un lado, una independencia temática y por otro, en muchos casos, aportan residuos irónicos de imágenes encontradas, resabios del mundo exterior que se conectan finalmente con el campo pictórico en una suerte de contradicción permanente entre lo tangible e intangible, donde esto ultimo no se deja apresar.
El mundo grafico, lo impreso, propone, como decíamos, reminiscencias del mundo que se insertan en la pintura autónoma, distante y displicente, frente a l representación, porque el artista no emplea con la pintura ninguna estrategia representacional, no va al icono, mas bien explora profundamente lo no denotativo para que los planos de colores: rojos, azules, ocres o blancos de zinc, adquieran una independencia y una auto referencia que exploren las múltiples posibilidades de la “superficie” del soporte. Sin embargo, Carolina Sartori en muchos trabajos emplea la “estética del collage” para complicar mas la existencia autónoma del color ya que sobre ellos van papeles pegados, cartones corrugados, géneros que, a su vez, también van pintados como obliterando su propio color y textura, dando una clara señal al espectador de que el cuadro es, una vez más, un problema para el ojo y para el espíritu.

Gaspar Galaz