Benmayor y Sapir: Abstracción de lo cotidiano
El Mercurio
31 December 2011

ara el santiaguino Samy Benmayor y para el neoyorkino Marc Sapir, el concepto de lo cotidiano significa una interpretación plástica del todo diferente. Así lo convierte el primero en imágenes pictóricas y gráficas tan materiales como una escalera, la vaca, el aparato digestivo rumiante, la mujer, una muchedumbre. El estadounidense, en cambio, tiende a espiritualizar su entorno natural. Comprobémoslo, empezando por la exhibición de nuestro compatriota en Galería AMS Marlborough. Cuadros y collages nos entrega ahora. Resulta la suya, como siempre, una bien manejada visión dislocada de la realidad. Pero ésta, aunque todavía mantiene asomos parciales de lo reconocible, hace de la abstracción su elemento principal. De ese modo, los manchados de distintas consistencias, las superficies irregulares de color, las pinceladas gruesas, los rayados de líneas paralelas cubren, protagónicos, el espacio de la tela. Sin embargo, el desboque formal y argumental no impide que advirtamos un racional manejo del espontáneo efecto sensorial, que cada una de estas obras provoca en el espectador. Además, de nuevo triunfa aquí la expresividad festiva, el humor juguetón, por momentos pícaro, del pintor. Llama la atención, por otro lado, el genuino acorde cromático al que recurre en todas las pinturas mostradas. Toques amplios de verde y de naranja relampaguean, pues, en medio de una rica diversidad de grises, de ocres, y con la comparecencia de negros y blancos.
Probablemente, junto con "La gran vaca", los lienzos en formato extenso alcanzan el clímax de esta exposición, cualitativamente pareja. Son los que resumen con mayor intensidad los atributos del artista. Entre ellos, ostentan algún indicio figurativo "De un océano a otro", "De una orilla a otra"; lo eliminan en buena medida "Algo de ave que se mueve" y "Me quedé mirando esa sencillez". Pero también Benmayor nos entrega un grupo numeroso de collages. De éstos, los dos en sólo blanco y negro ocupan el lugar más destacado: "Il observatore", "Confucio lo dijo". Su escueta construcción, su expresividad honda y encantadora saben imponerse. Los otros, con color, fotos e ilustraciones recortadas de revistas, resultan una pizca recargados y sin la eficacia visual directa de sus colegas. Tampoco faltan, esta vez, tres trabajos por entero fotográficos. Muy promisoria dentro de este campo emerge "A pleno sol", escena con coloración, captada en Cuba.
Por otra parte, el norteamericano Marc Sapir nos propone fotografías digitales, intervenidas con pintura, además de la yuxtaposición de fragmentos de textos y de sutiles capas de imágenes. En formatos más bien pequeños, se encuentran dispuestas en grupos de tres o más miembros, perfectamente equilibrados. Cada una constituye paisajes bastante personales, donde lo reconocible se abstrae. La inquietud espiritual que parece animarlos, su lirismo intimista y soñador son los de la mirada peculiar del habitante sensible de la gran metrópoli. Acá, la delicadeza gráfica se aúna con un cromatismo portador de la herencia del pop art. Del conjunto, sobre todo recordemos la agrupación con seis variaciones paisajistas, en las que predominan las líneas horizontales.
Galería La Sala ofrece pinturas en acrílico y técnica mixta de la poco conocida Verónica Allamand. Se trata de una especie de adornada japonaiserie, cuya mayor independencia asoma en las temáticas florales. Así "Sueños de kimono" cuenta con un atractivo acorde de carmín, rosado y violeta, mientras el celeste sobresale en "Nadie puede rescatarla de sus sueños". Tampoco falta entre los cuadros una débil alusión -"Antártica"- a la celebérrima y auténticamente japonesa "La Ola".